CRM o hoja de cálculo: cuándo se te queda corta la hoja para seguir a tus clientes

Cuándo te basta una hoja de cálculo para seguir a tus clientes y cuándo compensa un CRM: cinco señales y tres preguntas antes de elegir uno.

Infografía con cinco señales de que una hoja de cálculo ya no basta para seguir a tus clientes.

Un CRM es un programa que guarda la relación con cada cliente. Quién es, qué te pidió, qué le ofreciste, en qué punto está y cuándo toca volver a llamarle. La sigla viene del inglés y se traduce como gestión de la relación con los clientes.

Muchos negocios empiezan con una hoja de cálculo, y hacen bien. Una fila por cliente, una columna para el teléfono y otra para el último presupuesto. Mientras la hoja contesta a lo que le preguntas, funciona.

Cuándo te basta la hoja

Si llevas pocos clientes a la vez y los atiende una sola persona, la hoja suele bastar. También cuando la venta se cierra en un paso: el cliente pide, paga y se acaba.

La hoja se queda corta cuando la relación con el cliente dura semanas y pasa por varias manos. Un presupuesto que se envía, se revisa, se negocia y se factura deja un rastro que la hoja no guarda bien.

Cinco señales de que la hoja ya no da más

1. Dos personas, dos versiones

Tú apuntas una llamada en tu copia y tu socio apunta otra en la suya. Al final de la semana hay que decidir cuál vale. Con una hoja compartida, si dos personas escriben en la misma fila, una puede pisar lo que apuntó la otra.

2. La hoja dice quién es, pero no qué pasó

El teléfono está en la hoja. Lo que hablasteis está en el correo, en el móvil o en la memoria de quien atendió. Cuando el cliente vuelve a llamar, alguien tiene que reconstruir la historia antes de contestarle.

3. Se te pasan los seguimientos

Enviaste un presupuesto el martes y nadie volvió a llamar. La hoja no avisa. Si dependes de acordarte, los presupuestos que se enfrían suelen ser los que nadie apuntó en la agenda.

4. Saber qué tienes pendiente lleva un rato

Para saber cuántos presupuestos están abiertos y por cuánto dinero, filtras, sumas y repasas a mano. Si esa cuenta cuesta, se hace poco, y decides sin ella.

5. El cliente está en un sitio y su factura en otro

Cuando el presupuesto se acepta, copias los datos del cliente al programa de facturación. Cada copia es una ocasión de equivocarte en un nombre, un NIF o un importe.

Cuándo no compensa

Un CRM pide trabajo al principio. Hay que meter los clientes que ya tienes, decidir qué se apunta y acostumbrar al equipo a apuntarlo. Si nadie lo rellena, el programa sabe menos que la hoja que sustituyó.

Si ninguna de las cinco señales te suena, la hoja te sirve. Cambiarla por un CRM sería añadir una pantalla más sin quitarte trabajo.

Tres preguntas antes de elegir uno

  • ¿Qué quiero saber de un vistazo? Escribe las tres preguntas que hoy te cuesta contestar, como qué presupuestos están abiertos o a quién toca llamar esta semana. Un CRM que no las contesta no te sirve, por muchas pantallas que traiga.
  • ¿Quién lo va a usar? Si apuntan tres personas, cada una tiene que entenderlo sin un manual. Si solo lo usas tú, cuanto más sencillo, mejor.
  • ¿Con qué tiene que hablar? Con la facturación, con el correo o con los formularios de tu web. Si no se conecta, vuelves a teclear los mismos datos en dos sitios.

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Si te has reconocido en alguna de las cinco señales, cuéntanos cómo sigues hoy a tus clientes y te preparamos una propuesta hecha para tu negocio.

Fuentes

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