Hay una cifra circulando estos días que suena a problema de otros. Va de dominios: de esas direcciones que se registran por un plazo y se renuevan. El dato no cubre el tuyo si tienes un .es —ahora se ve por qué—, pero lo que enseña sí te toca.
Qué dice el informe, y de cuándo es exactamente
El dato viene de un informe de Interisle titulado Malicious Registrations in the Domain Name Market, publicado el 1 de junio de 2026 y centrado en los registros de 2025. Sus números, tal como los da:
- En 2025 se registraron cerca de 85 millones de dominios gTLD nuevos —los .com, .net, .info, .bond y compañía, por oposición a los territoriales como el .es—.
- A mediados de mayo de 2026, 8,5 millones de ellos figuraban en listas de bloqueo: el 10 %.
- El informe además proyecta que los actores maliciosos podrían haber comprado 16,8 millones de dominios, un 20 % del total.
Conviene separar las dos cifras, porque no valen lo mismo: el 10 % está contado; el 20 % es una proyección del propio informe. No es lo mismo un dominio que ya está en una lista de bloqueo que uno que se estima comprado con malas intenciones.
Y hay dos cosas más que hay que decir para no vender la cifra por encima de lo que da. La primera: el informe no es de ahora. Lo reciente es la conversación que ha vuelto a levantarlo, a partir de un artículo de Terence Eden del 6 de septiembre que lo recupera. La segunda: su metodología está discutida, y quien lo dice es el mismo artículo que difunde la cifra: enlaza una entrada de agosto del equipo de investigación de seguridad de la ICANN sobre cómo se obtienen y cómo se leen los datos de registros maliciosos. Con esas dos salvedades, el orden de magnitud sigue diciendo algo sobre el barrio donde vive tu dirección de internet.
Por qué el vecindario te afecta aunque tú no hayas hecho nada
Lo que le toca a una empresa pequeña no es arbitrar esa discusión, sino quedarse con el orden de magnitud: que un dominio nuevo acabe en una lista de bloqueo no es una rareza. Y conviene no estirar la cifra más de lo que da: cuenta dominios señalados por actividad maliciosa, no direcciones parecidas a la de un negocio pequeño. Describe el barrio; no dice cuántos vecinos van a por ti.
Y no hay nada que puedas hacer en tu propia web para impedir que mañana alguien registre una dirección parecida a tu dominio.
El artículo de Eden enseña ejemplos de cómo se explota eso: direcciones montadas para que la parte que el ojo reconoce quede al principio y la real, la que manda, quede escondida al final. Alguien ve el nombre de un organismo público y no mira que el dominio de verdad es otra cosa. Sus ejemplos son todos de suplantación de una administración británica, así que lo que sigue es lectura nuestra y no dato suyo: la técnica no necesita que lo suplantado sea famoso, solo que le resulte reconocible a quien va a recibir el mensaje, y eso vale igual para una asesoría, un taller o una tienda.
De ahí sale la parte que sí está en tu mano, y no tiene nada que ver con las listas negras.
Tu dominio es la pieza que de verdad está a tu nombre
Aquí conviene ser preciso con algo, y lo que decimos vale para nosotros: de cómo lo haga cada cual no hablamos. Cuando encargas una web, no tiene por qué quedar todo en la misma situación —no todas las piezas tienen por qué acabar siendo tuyas—, y por eso lo que hayas firmado es lo primero que hay que mirar. Lo que en lo nuestro es rotundo y no tiene letra pequeña: tus contenidos y tus datos son tuyos, y si los pides, te los damos. Y el dominio es el caso más claro de los tres: se registra a nombre del cliente, así que es suyo.
En nuestro caso está escrito en los planes —el registro y la gestión del dominio va incluido en los tres— y en los términos, donde queda dicho que podemos actuar como intermediarios ante el registrador y que el cliente es el titular final del dominio, sujeto a las normas del registrador y de la ICANN. Es una distinción que suena burocrática hasta el día que hace falta.
Porque la diferencia entre «tengo un dominio» y «soy el titular del dominio» se nota sobre todo en tres momentos: cuando te vas, cuando caduca y cuando alguien te copia.
Tres cosas que deberías poder contestar hoy
Ninguna de estas tres requiere saber de tecnología. Requiere haberlo mirado una vez.
1. ¿A nombre de quién está registrado? No a nombre de quién lo gestiona: a nombre de quién figura como titular. Si la respuesta es «lo lleva la empresa que me hizo la web» y no puedes decir si eso significa que está a tu nombre o al suyo, esa es la pregunta que hay que hacer. Puede que tengas que preguntárselo a quien lo gestiona.
2. ¿Cuándo caduca, y a quién le llega el aviso? La forma más tonta de perder un dominio no tiene nada de sofisticada: venció, y el correo de aviso fue a una dirección que ya nadie lee. Si queda margen para recuperarlo antes de que se libere, y cuánto, depende de la extensión y del registrador: es justo otra de esas cosas que conviene preguntar antes de necesitarlas. Porque una vez liberado, puede registrarlo otro.
3. ¿Quién tiene la llave del panel? Es decir: quién puede, a efectos prácticos, mover a dónde apunta tu dominio. No es una pregunta de desconfianza; es la misma que harías sobre quién tiene copia de las llaves del local. Si la respuesta no la sabe nadie de tu empresa, ya tienes la respuesta.
Esto conecta con algo que contamos el 4 de septiembre sobre lo que tu web tiene conectado: lo que hay que revisar no es solo la web, son también las piezas de alrededor, que es fácil no volver a mirar porque funcionan solas.
Si aparece uno parecido al tuyo
Si llega a pasar, lo primero, antes que hablar con nadie, es documentar qué está haciendo esa dirección: a dónde lleva, qué contiene, si se está usando para escribirle a alguien. Sin eso, la conversación empieza a ciegas, tanto con un registrador como con un abogado.
A partir de ahí existen vías formales. La ICANN tiene políticas de resolución de disputas sobre nombres de dominio, que se aplican a los dominios internacionales. Los territoriales, como el .es, se rigen por las normas de su propio registro, que hay que mirar aparte. Nuestros propios términos remiten a esas políticas y a los recursos de la ICANN para titulares.
Lo que no vamos a decirte es cómo se gana uno de esos procedimientos, ni si el tuyo lo ganarías: eso es una cuestión legal y de marca, y para eso hay que preguntar a quien corresponda. Aquí lo que sí podemos decir es lo técnico, que es lo de antes: si no sabes a nombre de quién está tu dominio, ese trámite empieza con un problema que no debería tener.
Lo que sí se puede hacer sin gastar nada
Tres cosas, por orden de lo que menos cuesta:
- Mirar la fecha de caducidad y anotarla donde la vea alguien de tu empresa, aunque la renovación la lleve tu proveedor.
- Comprobar que el titular eres tú —tu empresa, o tú como autónomo— y no una persona que ya no trabaja ahí ni un tercero.
- Tener escrito quién es tu registrador, que es distinto de quién te hizo la web. Puede ser el mismo, pero conviene saberlo antes de necesitarlo.
Ninguna de las tres impide que alguien registre una dirección parecida a la tuya. Lo que hacen es que el día que pase, la conversación empiece por el sitio correcto en vez de por descubrir que nadie sabe de quién es qué. Sobre el mantenimiento de una web contamos otra cosa que también se decide antes de que pase nada: por qué el arreglo de un fallo es hoy la pista para encontrarlo.
Hablamos de tu web
Si estás montando o rehaciendo tu web con nosotros y quieres tener claro desde el principio a nombre de quién queda el dominio y quién lo gestiona, cuéntanos qué necesitas. En nuestros planes de mantenimiento —que son para las webs que desarrollamos nosotros— el registro y la gestión del dominio van incluidos, con el dominio a tu nombre.
Fuente: Terence Eden, «The purpose of DNS is to spread scams», shkspr.mobi, 6 de septiembre de 2026. https://shkspr.mobi/blog/2026/09/the-purpose-of-dns-is-to-spread-scams/ — vía Simon Willison, https://simonwillison.net/2026/Sep/6/the-purpose-of-dns-is-to-spread-scams/. Los datos citados proceden del informe de Interisle Malicious Registrations in the Domain Name Market: An Analysis of 2025 gTLD Registrations and Cybercriminal Demand (1 de junio de 2026), https://interisle.net/insights/cybercriminaldomaindemand.